“A quienes dicen que la marihuana no hace nada, los invito a visitar a nuestros pacientes”

Locales 31/05/2016 Por
El presidente del centro de atención de adicciones de Río Tercero, César Tapia, habló para más de 150 personas el pasado lunes en Ballesteros. Invitado por la Cooperativa de Obras y Servicios Públicos de la localidad, el evento contó con marcada presencia de alumnos del IPET Nº 139 “Manuel Belgrano”

“Ya no quedan pueblos de la provincia que estén libres de consumo. Nuestro centro de rehabilitación está colapsado y tenemos tantos pedidos de internación a corto y a largo plazo que no damos abasto”.

Con este diagnóstico tan preocupante como ineludible comenzó la charla César Tapia, fundador y presidente del centro de rehabilitación Nuestra Señora del Luján.

A continuación, el especialista en la temática habló de “drogas ilegales” versus “drogas socialmente aceptadas, entre las que se incluye al tabaco, el alcohol y, lamentablemente, a la marihuana”. Remarcó que “la marihuana no es una simple puerta de entrada a los estupefacientes duros, sino una droga y muy peligrosa”.

Entre los efectos devastadores del cannabis, Tapia enumeró “la esterilidad masculina, los bebés con síndrome de abstinencia que nacen de madres adictas y los serios problemas neurológicos que causa en los consumidores crónicos”. Y dictaminó que “la marihuana es la madre de todas las esquizofrenias y paranoias, y a quienes dicen que es una sustancia curativa y que no hace nada, los invito a visitar a nuestros pacientes en Río Tercero o a los internos de la Asociación Nazareth de Villa María, a ver si después piensan lo mismo”.

“El peor negocio”

Al referirse a las drogas duras, Tapia afirmó que “la cocaína es un viaje intenso y de muy poca duración que produce tensión nerviosa, mucha ansiedad y lleva directamente a la prostitución, el robo y el asesinato. Lamentablemente, hoy vemos referentes televisivos haciendo permanente apología del porro y de la cocaína. Y les digo que comprar ese marketing es el peor de los negocios que pueden hacer en sus vidas”.

Al hablar de las drogas sintéticas, el disertante precisó que “el Superman no mata solamente a cinco chicos de Costa Salguero en el año. Este fin de semana, por ejemplo, hubo cinco chicos en coma alcohólico en Río Tercero por mezclar bebidas con éxtasis. Hay que sacarse de la cabeza la idea de que la droga cuesta mucha plata. La droga cuesta más que eso. Cuesta tu salud, tu dignidad y al final, tu propia vida”.

Tapia llamó “a una rehabilitación social urgente. Cuando una sociedad tiene problemas de consumo, es un problema de toda la comunidad y no sólo de los chicos que toman, que muchas veces son el chivo expiatorio de algo mucho más grande. La responsabilidad empieza desde el adulto que les vende alcohol a menores hasta el dealer que todos conocen y nadie denuncia; desde el padre ausente que no habla con sus hijos a la madre permisiva que favorece las previas de alcohol o hace la vista gorda a un porro: ¡si todos los chicos lo hacen!”. Y concluyó su charla diciendo que “el NO de ustedes va a ser la mejor protección contra las drogas. Y también el NO de los padres ante la lamentable naturalización del consumo”.

La charla finalizó con tres testimonios conmovedores de jóvenes en plena rehabilitación.

Empezó Ayrton, de 17 años, quien contó su experiencia y el modo en que lo internaron sus padres tras un año de consumo mientras iba al secundario.

Luego llegó el turno de Pablo, de 30 años, que lleva 18 meses en la comunidad, donde vive y también ayuda. “La droga empieza a ser un problema cuando involucra a terceros. Cuando les robás a tus viejos, cuando vendés todo lo que tenés, cuando no te despertás en dos días y faltás al trabajo, ahí lo empiezan a ver los otros. Pero en uno empezó mucho antes. Tras 10 años de consumo, un día intenté suicidarme con pastillas, pero no pude; choqué el auto y me llevaron a rehabilitación urgente. Como siempre dice César, el adicto está condenado a vivir. Y en mi caso, también estuve condenado a resucitar”.

Pepe, de 40 años, cerró el evento contando: “Con un título universitario terminé viviendo en un galpón y robando para consumir, sin ver más a mi mujer ni a mi hijita. Me llevó a rehabilitarme la misma gente del predio porque daba una mala imagen en ese lugar. Nunca les terminaré de agradecer lo que hicieron por mí. Ahora estoy viendo si podré recuperar a mi familia. Recién estoy empezando el camino de darme una nueva oportunidad en la vida. Por eso hay que hacer lo que uno sabe que hace bien, y eso es contarle a los demás lo que uno sabe que ha hecho mal”.

 

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