Un golpe a la droga enciende nuevas alarmas sobre el avance del narcotráfico

Los cambios en el escenario: del país de tránsito al país productor, consumidor y en la mira de los carteles internacionales.
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Fue en el año 2013 cuando un informe de la Oficina Antidrogas de las Naciones Unidas ubicó a la Argentina como el tercer punto de partida de cocaína hacia el mundo detrás de Brasil y Colombia. En el mismo trabajo, advertía sobre la fragilidad de los controles en los puertos. Este dato adquiere otra resonancia a pocas horas de que fueran secuestradas en el puerto de Bahía Blanca dos toneladas de cocaína valuadas en 60 millones de dólares. El secuestro se produjo en el marco de un operativo considerado el más grande de los últimos 22 años, en el que fueron detenidas 17 personas, cuatro de ellos de nacionalidad mexicana y presuntamente vinculadas a organizaciones delictivas de ese país.

El hecho volvió a poner en debate el tema del narcotráfico en la Argentina, donde en el curso de casi dos décadas -el año 2001 es considerado un punto de inflexión- cambió profundamente el escenario: de país de tránsito a país productor, consumidor y en la mira de carteles internacionales (mexicanos, colombianos y brasileros).

Para esos carteles, el interés de la argentina no pasa por el mercado interno de las drogas, al que consideran pequeño y sujeto a fuertes altibajos económicos. El objetivo pasa por convertir al país en base de almacenamiento y movimiento estratégico para llegar a su segundo mercado más importante: el europeo.

Así lo indica Gustavo Sierra en su libro “Sinaloa-Medellín-Rosario”, donde postula que el primer interés de los carteles mexicanos en el país fueron los precursores químicos para producir cocaína y drogas de diseño, cuando aquí pudieron conseguirlos a precios irrisoriamente bajos. Un negocio que se potenció cuando el presidente mexicano Felipe Calderón cerró por completo la importación de esos productos. En esa época se registraron los primeros decomisos de precursores en puertos mexicanos que procedían de Buenos Aires.

Pero otro de los factores que seducen a estos carteles es una buena infraestructura de puertos argentinos poco controlados, por donde diariamente salen centenares de barcos cargados de cereal y otras producciones, muchos de ellos hacia puertos canadienses y europeos.

Hay tres elementos más que tentarían a estos grupos: un país con una alta tasa de actividad productiva y financiera en negro, que facilita el lavado de activos. Instituciones a las que consideran permeables a la corrupción. Y barrios cerrados y seguros donde los altos mandos de esas organizaciones pueden pasar largas temporadas lejos de la violencia presente en sus territorios.

El debate en torno al grado de penetración que estas organizaciones delictivas internacionales han alcanzado en el país reconoce, por lo menos, tres posiciones.

Por un lado la oficial que, aunque admite este interés, dice que no hay actualmente grandes carteles internacionales operando en la Argentina y que el narcotrafico está en manos de “familias, clanes o grupos” locales, según indicó la ministra de Seguridad de la Nación Patricia Bullrich en una jornada internacional sobre el tema realizada en Salta a mediados de este mes. Allí también describió cómo “las grandes organizaciones de narcotráfico van tejiendo sus redes en el sur de América”.

Otros especialistas hablan de la presencia de células e individuos pertenecientes a carteles como los de Tijuana, Sinaloa y los Zetas junto con algunos narcos colombianos que operarían en el país.

Para Claudio Izaguirre, presidente de la Asociación Antidrogas de la República Argentina son seis los carteles que actúan hoy en la Argentina. Entre ellos, mexicanos, paraguayos, dominicanos y colombianos.

Si bien no hay datos concretos sobre esta actividad, son numerosas las huellas que dejó en la crónica policial la presencia del narco mexicano y colombiano en los últimos años en el país.

Entre las primeras aparecen las alusiones al presunto lavado de dinero del cartel de Juárez sostenidas por algunas de las líneas de investigación que se plantearon en el marco de la causa que investigó el crimen de María Marta García Belsunce, en el año 2002

El 17 de julio de 2008 se descubría un laboratorio para la producción de metanfetamina en Ingeniero Maschwitz. La mayor parte de los detenidos eran mexicanos.

Otros episodios fueron el doble homicidio de colombianos en el shopping Unicenter de Martínez y la detención de Henry “Mi Sangre” de Jesús López Londoño en Buenos Aires, en momento en que presuntamente cerraba una operación con miembros de los Zetas.

MAS PRODUCCION, MAS CONSUMO

Más allá de la presencia de los carteles internacionales, lo que subrayan organismos internacionales como la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes, dependiente de la ONU, es una creciente preocupación por el aumento de la producción y el consumo de drogas en el país. En el mismo informe manifiestan también su preocupación por el rol de la Argentina en el tráfico internacional de drogas.

Dos datos ilustran de manera cabal esta tendencia.

El primero corresponde a un informe elaborado por la Universidad Católica Argentina que indica que entre los años 2004 y 2011 se duplicó el consumo de marihuana y aumentó el narcomenudeo en los barrios más vulnerables.

Datos oficiales, en tanto, dan la pauta del incremento del tráfico de drogas a mayor escala. En ese sentido, el secuestro de cocaína en 2016 aumentó casi un 30% (se incautaron 5.508 kilos frente a los 4.304 de 2015), si bien se atribuye parte de ese incremento al aumento de los controles.

Paralelamente se dio otro fenómeno, de alcance mundial, pero de gran impacto local, que fue la producción y consumo de drogas de diseño.

Según el último informe sobre drogas dado a conocer la última semana por la ONU, una de las características del mercado de las drogas en el mundo en la actualidad es el crecimiento del número de sustancias disponibles.

“Hay más tipos de drogas, están más al alcance y son más potentes, lo que aumenta el riesgo para la salud, mientras que el número de consumidores se mantiene estable desde hace cinco años en unos 250 millones de personas, un 5 por ciento de la población del planeta”, describe el informe presentado en estos días, que también da cuenta de un aumento del narcotráfico y de la cantidad de droga secuestrada.

¿HACIA LA MEXICANIZACIÓN?

En medio de este panorama una de las preguntas que se instala con fuerza es si el país se dirige a una suerte de “mexicanización” o “colombianización”, con el negocio de la droga manejado por poderosos carteles capaces de competir en poder con el Estado, infiltrarse en sus instituciones y diversifricar sus actividades hacia diferentes formas del delito, lo que redunda -en los dos casos mencionados- en sociedades sacudidas por la violencia con un alto número de muertos y altos índices de corrupción estatal ligada a este negocio ilegal.

En este terreno también la opinión de los especialistas está repartida.

Para Claudio Izaguirre, presidente de la Asociación Antidrogas de la República Argentina esa mexicanización “ya está ocurriendo en Rosario, donde hay una organización poderosa que maneja el negocio y un promedio de alrededor de 400 muertos por año a causa del narcotráfico”.

Otros especialistas opinan distinto: creen que las bandas que hoy comercializan la droga en el país con clanes antes que carteles, y entienden que aún si avanzara la penetración de las organizaciones internacionales, sería en el marco de un modelo diferente al colombiano y al mexicano.

La hipótesis principal para abonar esta idea es que lo que hizo tan poderoso al narco mexicano fue su proximidad con la frontera del principal país consumidor de drogas del mundo, que es Estados Unidos. También destacan que México es un país con 120 millones de habitantes, la mitad de los cuales son pobres.

A juicio de estos especialistas, la proximidad con Estados Unidos les permitió a los carteles manejar sumas de dinero tan grandes que hasta podían hacerse cargo de los compromisos externos de sus países.

Desde los años ´70 a la actualidad y a pesar de las acciones emprendidas por los distintos presidentes mexicanos el número de carteles en ese país pasó de 2 a 9, asociados a otras 37 células delictivas aliadas.

Las organizaciones hoy tienen presencia en el 60% de los estados mexicanos y sobreviven sistemáticamente a la caída de sus líderes, porque las investigaciones nunca se orientan a una de las piezas claves de la estructura que las mantiene vivas: las redes de lavado.

Con todo, algunos especialistas encuentran, en el caso argentino, algunas etapas que lo asemejan al comienzo del problema mexicano.

Ese camino comienza con pandillas, sigue con bandas más organizadas y termina con la conformación de grandes carteles de alcance internacional y gran poder para meterse en las actividades del Estado, sostienen.

CAMBIOS EN EL MERCADO LOCAL DE LA DROGA

En todo caso, ya sea para avanzar hacia una mexicanización o sobre un modelo distinto, Izaguirre destaca que ya se están produciendo cambios en el mercado local de la droga que son fácilmente comprobables.

“Ya no existe la figura del cuentapropista, ahora los que se dedican al narcomenudeo les reportan a jefes zonales y estos a organizaciones más grandes”, dice Izaguirre al describir un panorama que se encuentra, sobre todo, en barrios vulnerables.

Izaguirre dice que este fenómeno se vio acompañado por otro que fue el paso de un país de tránsito a un país productor.

“Las primeras cocinas de cocaína se instalaron en la zona alrededor del 2001, la mayoría en la cercanía de los puertos. Trabajsn a veces con hoja de cocaína llegada desde Bolivia y otras a partir de la pasta base”, dice Izaguirre.

Una de las consecuencias de la instalación de las cocinas de cocaína en el país fue el inicio del consumo de pasta base, el residuo que deja la producción del clorhidrato de cocaína y que se caracteriza por su alta toxicidad.

Por otra parte, los especialistas destacan que la operatoria de estas organizaciones siempre supone distintos grados de connivencia.

Si bien es difícil determinar el costo de esa connivencia hay un dato que lo refleja en cierto sentido y es el precio de la droga.

En la Argentina es más accesible que en otros países -según un informe de la ONU hecho en 2009 se pagaba menos en Argentina incluso que en países como Brasil, Uruguay y Argelia- y eso, según los expertos, es un indicador de que el tráfico implica poco riesgo frente a los controles de Estado.

Fuente: El Dia

 

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