Revelan que un narco santafesino hizo negocios desde la cárcel con el paranaense Caudana

Investigaciones 13/03/2017
Una investigación de la Justicia Federal de Santa Fe, que incluyó escuchas telefónicas, reveló las vinculaciones del narcotraficante paranaense Gonzalo El Gordo Caudana con el narco santafesino Raúl Beto Basimiani, con quien realizaba “negocios” mientras este último se encontraba preso en la cárcel de Coronda.
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Lo grave del asunto es que en los diálogos, Basimiami le sugiere conversar con el jefe de la Unidad Regional Uno de Policía, Luis Siboldi, porque “tiene códigos y entiende el negocio”. Además, otro policía aparece en las escuchas dando protección territorial y adelantando maniobras de los pesquisas policiales que lo investigaban. Todas las actuaciones referidas a los diálogos entre Basimiani y Caudana fueron giradas al Juzgado Federal de Paraná, a cargo de Leandro Ríos.

En agosto del año pasado, el narco santafesino -condenado y detenido en Coronda- Raúl Beto Basimiani (también conocido como Cabezón o Cabecita) estaba desaforado. Disfrutaba de los últimos días de cárcel en Coronda. El Tribunal Oral Federal de Santa Fe le aceptó la propuesta de juicio abreviado y lo condenó a 6 años en noviembre de 2015. Dos años antes, un grupo antinarcóticos de la Policía Federal llegado desde Buenos Aires lo había detenido junto a otros compinches por venta de drogas. Beto estaba a punto de salir con libertad condicional y preparaba el regreso fuerte.

Además, sabía que al Chunchi Montenegro lo tenían en el “buzón” (celda de castigo) del pabellón 11 en Coronda. El Chunchi era el vendedor fuerte de cocaína y marihuana en la Vecinal Coronel Dorrego, conocido como La Chaqueñada. Con Montenegro fuera del negocio, Beto se cebó. A través de su mujer Soledad González, de sólo 29 años, se encargó de proveer a los adictos de la zona y a los adláteres del Gringo Mario Visconti, encargado de la distribución de drogas en la zona norte de Rosario, hasta el 31 de mayo de 2016, cuando lo mataron en un camino rural cerca de Ibarlucea.

Es por eso que Beto fue noticia una vez más el 23 de octubre del año pasado cuando, otra vez, una delegación de la Policía Federal allanó varias viviendas en Santa Fe y su celda en el penal corondino. Desde la cárcel, Basimiani controlaba el negocio narco con un celular que usaba sin reparos. La investigación, que se inició en Rosario, siguió en Santa Fe con el juez Francisco Miño y la colaboración de Claudio Kishimoto, entonces titular de ambas Fiscalías Federales en Santa Fe. Con las escuchas y la droga secuestrada en los allanamientos alcanzaron para que el juez Federal en la capital santafesina procesara a Basimiani y a su mujer por comercio de estupefacientes el 23 de noviembre del año pasado.

Escuchas, colaboradores y el regreso esperado

En agosto del año pasado Basimiani ya diseñaba el regreso al negocio narco, pero en libertad. Le quedaban dos meses para lograrlo. No sabía que dos jueces y dos fiscales habían ordenado una batería de medidas tenientes a probar sus acciones ilegales. Las intervenciones telefónicas fueron clave, al punto que fueron trazando una línea investigativa clara: quién manejaba el negocio afuera, quiénes daban “piso” policial y quiénes eran los proveedores.

El 17 de agosto, desde su celda en Coronda, Beto habla con un policía, que le dice “que está difícil conseguir yuyo”. Basimiani le cuenta que Chunchi Montenegro esté encerrado en el “Buzón” del (pabellón) 11 y que se la tienen jurada”. Además le dice que tiene que juntarse con un amigo de Paraná. “Yo quiero agarrar el barrio de frente mar, pero para eso necesito mercadería”, dice Basimiani.

El barrio conocido como la Chaqueñada estaba sin su capo tras la caída del Chunchi y Beto Basimiani no quería dejar pasar el momento. El interlocutor del narco es evidentemente un policía, porque se ofrece a llevar información en su patrullero. Beto le explica que cuando él vuelva va a ser todo como antes: “Todos comían de la torta; yo ponía en todos lados, no le fallé a nadie; por eso tuvieron que venir grupos de afuera a detenerme”.

Según los pesquisas de la Policía Federal, el interlocutor de Beto es un policía provincial identificado como Mario F. Ese mismo día, pero a la noche, Basimiani habla con su mujer, Soledad González. Le dice que ya habló con “el comisario”, que en los pasillos (del barrio Coronel Dorrego) está “todo desértico”. La mujer le confirma: “Me están volviendo loca preguntando por blanca”.

El 18 de agosto Basimiani habló con Gonzalo Caudana, el zar de la cocaína en Paraná y la región. El Gordo, como lo llaman a Caudana, le dice que le mandó el gestor a Coronda, que es un tipo de su confianza y que le va a dar un número de teléfono nuevo, porque lo cambia cada 15 días. Beto le pide que hable con “su patrona”, que es González, que lleva el negocio afuera. En otras conversaciones Basimiani le pide “yuyo” a Caudana, pero éste le dice que no tiene, que no se consigue. También el “Beto” se interesa por los capuchones (pequeños tubos donde se fracciona cocaína).

– ¿De la otra tenés?, se interesa Beto (sin mencionar la palabra cocaína).

– De la mejor, como siempre, dice Caudana.

En una conversación interceptada el 18 de agosto, a las 18.42, “Beto” le dice a Caudana que tiene una casa refaccionada en el norte de la ciudad, que fue su primer negocio y que se lo van a habilitar de nuevo, porque cuenta con la venia del nuevo jefe que entró. “Es amigo mío (…) es el Gringo (Luis) Siboldi -quien una semana antes había asumido al frente de la Unidad Regional I de Policía- Es una buena línea, yo voy a tener una reunión cuando salga, si te cabe te lo presento, es intocable”. Más adelante Caudana le sugiere conseguir yuyo prestado de “otro muchacho”.

–Sería ideal para arrancar, le dice “Beto” (…) yo en 80 días salgo y te presento a éste amigo mío, que es una cobertura bárbara, es el dueño del circo.

–¿Él está de jefe?, insiste Caudana.

–Sí, es el jefe de Unidad. Estaba en las TOE antes y es un hombre de negocios, que es lo más importante, le refuerza Basimiani.

Ni Beto ni el Gordo pudieron juntarse en libertad. El 7 de octubre una delegación especial de la Policía Federal, que venía escuchándolo en vivo a Cuadana, lo detuvo en la Ruta Nacional 18 en cercanías a la ciudad entrerriana de Villaguay. Llevaba 11 kilos de cocaína de máxima pureza y más de un millón de pesos. Todas las actuaciones referidas a los diálogos entre Beto y Caudana fueron giradas al Juzgado Federal de Paraná, a cargo de Leandro Ríos.

Por tierra, por aire

En una de las escuchas telefónicas agregadas a la causa detectan inconvenientes con un hombre que es contactado por Soledad González para bajar droga en un campo a través de un vuelo de avioneta. “Me dijo que necesita un campo que esté lejos de la Policía y un espacio de 1.600 metros (…) que necesita unos tres vuelos semanales y no uno por mes, porque no le rinde”.

González le cuenta a su pareja, preso en Coronda, que el interlocutor cambia de teléfono a cada rato y a veces “usa un Handy”.

Menores fraccionando

En varias conversaciones entre Basimiani y González puede advertirse que las hijas de González, ambas menores de edad, participaban del fraccionamiento de la droga, la que vendían en forma de “menudeo” en la misma casa que habitaban con la madre.

Un pedido del fiscal

La investigación que desarrolló casi en su totalidad el fiscal Federal Claudio Kishimoto, fue clausurada hace dos días por el fiscal Walter Rodríguez, de regreso en esta jurisdicción luego de un breve paso por la Fiscalía de Investigaciones Administrativas en Buenos Aires. En la elevación a juicio, Rodríguez pide investigar a los policías mencionados por la presunta comisión del delito de encubrimiento, agravado por ser funcionarios públicos.

En el dictamen también propone remitirle copias del expediente al secretario de Asuntos Penitenciarios de Santa Fe, Pablo Cococcioni, en donde queda claro que Basimiani, desde su celda, tenía un uso de la telefonía celular sin controles del Servicio Penitenciario.

Fuente: Zona crítica


http://www.revistaanalisis.com.ar/noticias.php?ed=1&di=0&no=250834#

 

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