El decano de Medicina defendió el ingreso de alumnos brasileños

Locales 30/04/2016
"Son exiliados educativos y están acá porque fueron desarraigados", dijo Ricardo Nidd. Fue a días de que los estudiantes se quejaran por los pocos espacios que hay en las aulas.
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- Protesta. La semana pasada hubo una clase pública en la que se reclamaron mejoras edilicias y se apoyó la lucha salarial docente.

El decano de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), Ricardo Nidd, defendió el ingreso masivo de estudiantes extranjeros, mayormente brasileños. Lo hizo en el marco de semanas en las que los alumnos protestaron por la falta de lugares en las aulas y problemas edilicios. “Ellos en Brasil son exiliados educativos y están acá porque fueron desarraigados de su lugar de origen en su deseo de estudiar”, destacó y se preguntó: “Si el extranjero viene de turismo es inversión; ¿pero si viene a estudiar es un gasto?”.

   — ¿Qué análisis hace de los reclamos que hicieron los estudiantes la semana pasada?

   — Hay que separarlo en dos grandes cosas, porque parece que no se está dimensionando claramente el grado de conflictividad respecto de la situación salarial docente. Al día de hoy, nuestros docentes universitarios, con un título de grado y, en algunos casos, hasta de posgrado, que hace más de diez años que dan clases y que tienen a su cargo la formación de profesionales, cobran 100 pesos la hora; mientras que los ayudantes, que son más nuevos, cobran menos. Ofrecieron sólo el 15%, algo que representaría 115 pesos la hora.

   — Los estudiantes pusieron en evidencia problemas edilicios y falta de espacio en las aulas

   — El debate pasó por si hay o no infraestructura, si son muchos en las aulas, si hay goteras. Si estuviéramos en las mejores condiciones edilicias, a lo Harvard, tampoco se podría dar clases con docentes cobrando 115 pesos la hora. Por eso creo que se planteó un cúmulo de preocupaciones que, por acción u omisión, distraen al eje central, que es la solución del conflicto salarial docente.

   —¿Pero no hay espacio en las aulas?

   — Yo sugiero no politizar el problema. Tenemos una política de admisión que es fuertemente inclusiva porque tenemos la idea de que el mejor lugar que tienen los jóvenes es estudiando. Somos conscientes de que nuestra sociedad de consumo tiene otras ofertas para la juventud; entonces, si no generamos una propuesta seductora para que se vuelquen al estudio, son batallas perdidas. Estamos adecuando nuestras estructuras para la demanda que tenemos y estamos contentos como marchan las cosas. Falta mucho también, porque falta terminar de adecuar nuestros procesos educativos a las tecnologías. Incorporamos muchísima tecnología de simulación, desarrollando los procesos de capacitación de los docentes para aprovechar las tecnologías. Ahora estamos viendo de hacer un hospital virtual, algo que se aplicó en otros lugares del mundo.

   —Teniendo en cuenta que Medicina lidera la lista de estudiantes extranjeros, hay un sector que opina que la estadía de ellos en las universidades representa un gasto ¿Cuál es su opinión?

   — Mis preguntas son más profundas aún: ¿cuál es la diferencia del extranjero con el jujeño, el entrerriano o el cordobés? ¿Hay una frontera administrativa que marca la diferencia de un joven con deseos de estudiar, de capacitar su vocación? Eso no lo marca ni un mapa ni una lengua. Aquellas personas que se quejan de los extranjeros, ¿tienen apellidos nativos, o son hijos de los hijos de inmigrantes extranjeros que este país albergó generosamente? No entiendo. En este país el impuesto es al consumo de los que viven acá: si el extranjero viene de turismo es inversión, pero ¿si viene a estudiar es un gasto? Si este país hubiese visto de esta manera a los extranjeros cuando vinieron en su momento, ¿qué hubiese pasado? Es un pensamiento excluyente, elitista y que discrimina.

    —Hay quienes consideran que la mayor porción de extranjeros, los estudiantes brasileros, vienen a estudiar para después irse y trabajar a su país.

   —El fenómeno de inscripción masiva de brasileros a la UNR es bastante reciente, por lo que no ha egresado gran cantidad de brasileros como para ver si se quedan o se van. El paso por la universidad no es sólo el título: uno encuentra un lugar en el mundo, y es hasta afectivo. Ellos en Brasil son exiliados educativos y están acá porque fueron desarraigados de su lugar de origen en su deseo de estudiar; fueron expulsados del país porque desearon estudiar. En el Mato Grosso y en el Altiplano también hacen falta médicos, ¿pero qué son estas divisiones odiosas? Son hermanos de América latina, jóvenes que quieren estudiar ¿Eso los pone en el ojo de la tormenta y los convierte en seres digno de ser expulsados?

 

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