Cómo Kissinger y Rockefeller impusieron el golpe de la junta militar en 1976

Historia 05/06/2016
Uno de los protagonistas de esta historia es Henry Kissinger (Abraham Ben Eleazar), político germano-estadounidense de origen judío, superviviente del Holocausto, tuvo una gran influencia sobre la política internacional, no sólo en Estados Unidos con respecto a los demás países sino que también directamente sobre variedad de otras naciones.
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Ejerció como secretario de Estado durante los mandatos presidenciales de Richard Nixon y Gerald Ford, jugando este papel preponderante en la política exterior de Estados Unidos entre 1969 y 1977 y fue consejero de Seguridad Nacional durante todo el mandato inicial presidencial del primero. Ha sido señalado como el autor e ideólogo del Plan Cóndor y entre otras cosas de hongkongnizar y walmartizar China.

Lo veníamos trabajando en el grupo. No por ser reiterativos, sino para refrendar lo que decíamos de boca de un testigo vivo y presencial de los acontecimientos…

Primer motivo real del golpe del 23-03-76

Esa mitad “invisible” del país, la inmensamente mayoritaria, la que quemó Mitre para escribir su historia, a partir de 1945 tiene nombre y apellido: es el peronismo. No cualquier “peronismo”. Con toda seguridad, no las versiones dietéticas de peronismo que conocimos a partir de 1983. No. Me refiero al peronismo que rechaza, que desea ignorar la elite dominante, es decir al auténtico, al que sigue tozudamente el sendero marcado por su fundador. A las versiones dietéticas, en cambio, las aúpa el diario La Nación. “Por los frutos las conoceréis…” Son inofensivas, inodoras, incoloras e insípidas. En la jerga de nuestro pueblo, “no joden a nadie”. Hacen buena letra, igual que la señora Ivonne Bordelois, y por eso las aúpa el diario guarda-espaldas de Mitre.

El que “jode” es el peronismo de Perón, y por eso ”jode” el recuerdo de Perón y el apellido Perón. Y hoy, reitero, el único apellido Perón es el que lleva Isabel por su matrimonio. He ahí la razón verdadera y de fondo de las absurdas acusaciones de dos jueces funcionales al “establishment” de “izquierda” y al de “derecha”.

Esta fobia fanática y ciega contra Perón viene de lejos y tiene su origen, como casi todos nuestros males, en Londres, el gran perjudicado por la política nacional y popular del peronismo. De Londres pasó a Washington sin solución de continuidad y llave en mano. Braden fue el primero, y seguramente el más torpe, que tomó la antorcha entregada por los ingleses.

El más acérrimo enemigo que ha tenido Perón y el peronismo fue, no por casualidad, el ex primer ministro británico Winston Churchill. El odio de los británicos contra Perón, hizo que Churchill, al conocer el cuartelazo de septiembre de 1955, dijera, en un rapto de sinceridad eufórica y de “democracia” ejemplar:

“El derrocamiento de Perón (por un golpe cuartelero, no olvidarlo) es un hecho tan importante como la derrota de Alemania en la Segunda Guerra Mundial”.

Para que no quedara duda alguna, tres décadas después la señora Margaret Thatcher, al tratar de justificar su criminal acción durante la guerra por nuestras Malvinas, apostrofó públicamente:

“La culpa de esta guerra la tiene Perón, porque le metió a los argentinos en la cabeza que las ‘Falkland’s son argentinas”.

La transferencia de la antorcha fóbica, de Gran Bretaña a EE.UU., ha sido ratificada hace poco por la señora Condoleeza Rice, al culpar al peronismo y concretamente a Perón de todos los males que sufre la Argentina… y Latinoamérica.

El odio contra el peronismo y contra Perón es real hoy dentro del gobierno, y lo era en muchísima mayor medida en 1973 ó 1976 entre los militares y sus socios civiles de la “derecha”, tanto como entre las filas guerrilleras de la “izquierda”.

A partir del derrocamiento cuartelero de Isabel, y concluidos los años de plomo, el peronismo comenzó poco a poco a ser aceptado por los dueños del país y del mundo… pero sólo en la medida en que comenzaba a dejar de ser peronista.

Expresado con absoluta objetividad, de los problemas de fondo que afronta la Argentina (sus relaciones con el poder internacional de turno, su indispensable estrategia internacional, su necesidad de adoptar un proyecto de desarrollo económico y tecnológico integral con justicia social, la defensa y el aprovechamiento y poblamiento integral y armónico de nuestro territorio, la promoción de la cultura nacional, la planificación a largo plazo de la salud y la educación, quién es nuestro verdadero enemigo, etc.) Isabel ha demostrado tener mucha más conciencia que los gobernantes subsiguientes.

Reitero lo del mensaje que me envió por Internet una humilde Unidad Básica:

“Con Isabel, YPF era argentina, no teníamos deuda externa y comíamos todos los días” .

Está todo dicho.

Segundo motivo real del golpe

Sobre este tema ya he dado algunos detalles. En 1973-76 estaba en pleno desarrollo la guerra fría entre EEUU y la URSS por el dominio del planeta.

Como siempre hacen, los norteamericanos trazaron su principal objetivo de política internacional (la guerra contrarrevolucionaria para aniquilar al comunismo…y a los comunistas), lo elevaron a la categoría de verdad revelada por Dios y exigieron a los países del patio trasero su seguimiento acrítico.

También relaté la forma en que la mayoría de los oficiales superiores de nuestras FF.AA. habían sido debidamente programados en esa doctrina en la Escuela Militar de las Américas, del Comando Sur del Ejército norteamericano, con sede en la franja de Panamá invadida por Estados Unidos. Desde Onganía en adelante las cúpulas de las FF.AA. llevaron el sello de la guerra contrarrevolucionaria en el orillo. Los grupos subversivos terroristas eran la representación del demonio: debían eliminar su poder de fuego y, para que nunca más resurgieran, se propusieron eliminarlos físicamente también.

El gobierno constitucional produjo, en julio de 1975, dos hechos clave (ya mencionados) que convencieron al Comando Sur del Ejército norteamericano de la necesidad de derrocar a Isabel:

1.- El Poder Ejecutivo dictó el decreto Nº 1.800, del 7 de julio de 1975, por el cual obligó a las FF.AA. a entregar los prisioneros al juez federal competente, junto con la documentación que justificara legalmente la detención. Y eso, tanto para los genocidas que luego darían el golpe, como para sus mentores y padrinos de la Escuela Militar de las Américas, era peligrosísimo y les quitaba “eficacia”.

2.- El 19 del mismo mes, la presidente Isabel, ante la sugerencia de sus ministros Ernesto Corvalán Nanclares, Oscar Ivanissevich, Jorge Garrido y Antonio Benítez, eliminó del Gabinete a López Rega, contra la voluntad de los Altos Mandos y el apoyo leal del coronel Sosa Molina. Este paso de la presidente era, para los genocidas y sus mentores norteamericanos, tan peligroso y perjudicial como el anterior, pues les quitaba el paraguas político del ministro de Bienestar Social.

De ahí en más, el golpe fue algo indispensable para los genocidas y sus padrinos. Por eso justamente, un mes después se rebelaron contra el gobierno constitucional e impusieron al general golpista Jorge Rafael Videla como comandante general del Ejército. Y en diciembre volvieron a sublevarse para eliminar de la Aeronáutica al legalista brigadier Fautario, y reemplazarlo por quien sería el tercer responsable del golpe: el brigadier Agosti.

Tercer motivo real del golpe

En 1973, y debido a la guerra en Medio Oriente, los árabes aumentaron abruptamente el precio del petróleo. Sus jeques autocráticos vieron llenarse sus arcas de dólares, pero, como en esos países aún no había un sistema bancario desarrollado, optaron por depositarlos en los mismos bancos occidentales, cuyos verdaderos “capi di mafia” son, desde tiempos inmemoriales, los Rockefeller y los Rothschild.

Isabel, tan tozudamente como antes lo había sido Perón, se negaba a tomar créditos internacionales que no necesitábamos, lo cual empobrecía las ya “humildes” alforjas de los gemelos Rockefeller-Rothschild y sus laderos de Wall Street y de la “City” londinense.

Además, Isabel, como todos los peronistas “incorregibles” (al decir de Borges), era muy escéptica sobre las bondades de la libertad total del comercio entre el lobo y los corderos, de modo que se empecinaba en mantener la línea de economía nacional y humana que el viejo general sostuvo desde que fue Perón.

Estos dos sacrilegios del gobierno Perón-Isabel constituían una afrenta insufrible para los bolsillos de los anglosajones dominantes, de modo que el derrocamiento de Isabel pasó a formar parte del mandato divino que recibieron los norteamericanos, hace más de 200 años, de que “América (fuera) para los norteamericanos”, por aquello del destino manifiesto y otros cuentos del tío por el estilo.

Los militares argentinos “made in Escuela Militar de las Américas” realizaron las dos consultas obligatorias para todo buen alumno:

A Henry Kissinger le preguntaron si podían dar el golpe y realizar el genocidio que sobrevino. Kissinger, con cara de póquer (es decir, de estadista internacional…) y alma de “destino manifiesto”, les respondió:

“Lo que tengan que hacer, háganlo rápido”.

Y “nuestros” militares practicaron, como solía suceder, la obediencia debida.

Por aquello de zapatero a tus zapatos, consultaron, ahora no con Kissinger, sino con Rockefeller (Chasse Manhattan Bank) y los otros cinco bancos del llamado “Steering Commitee” que monitoreaba nuestra deuda externa, a quien “nos convenía” designar como ministro de Economía una vez producido el cuartelazo. Rockefeller respondió en el acto:

“Designen a José Alfredo Martínez de Hoz, pues él es el de mayor confianza para nosotros”

Desconozco, honestamente, si los militares, en su sempiterna ingenuidad e ignorancia sobre temas económicos, conocían o no que Martínez de Hoz era socio de Rockefeller y miembro del Directorio Internacional del Chasse Manhattan Bank. Lo real es que los bancos acreedores nuestros, con el nombramiento de los “Chicago boys” [1], lograron plantar “una pica en Flandes” y gobernar la economía argentina.

[1] Los Chicago Boys son una denominación aparecida en la década de 1970 que hace referencia a los economistas liberales educados en la Universidad de Chicago bajo la dirección de los judíos Milton Friedman y Arnold Harberger.

Los Chicago Boys tuvieron influencia decisiva en el régimen militar de Augusto Pinochet en Chile, siendo los artíficies de reformas económicas y sociales que llevaron a la creación de una política económica referenciada en la economía de mercado de orientación neoclásica y monetarista, y a la descentralización del control de la economía. Milton Friedman acuñó el término el "milagro de Chile" (The miracle of Chile), para referirse a la obra de sus discípulos en ese país.

Los principales motivos por los cuales se produjo el golpe del 24-03-76 fueron, efectivamente, de gran envergadura: eliminar la epidemia de “rabia” peronista, realizar el sueño de la guerra contrarrevolucionaria y obedecer la presión de los bancos acreedores, tal cual hemos expuesto.
Pero en la política siempre hay una buena cuota de miserias humanas, y el cuartelazo de marzo de 1976 no fue una excepción.

Durante el segundo semestre de 1975, los dueños de la compañía “Ítalo Argentino de Electricidad” presionaron insidiosa y desembozadamente al gobierno de Isabel para que, vencida la concesión, el precio de compra (del capital excedente) por el Estado fuera el que ellos deseaban. Los dueños de la Ítalo pretendían cobrar 340 millones de dólares por los restos de lo que había sido la tristemente célebre CHIADE.

Los más viejos recordarán que esa empresa suiza, al final de la década de 1930, sobornó escandalosamente a los concejales de la Capital Federal para que su concesión fuera prorrogada. Dicen las malas lenguas (o las buenas…) que, con parte del producido de ese soborno, los radicales de la Capital compraron la casona que aún hoy les sirve de sede metropolitana, en la calle Tucumán 1660. Desde entonces la Casa Radical tiene olor a electricidad… Pero, sobornos viejos aparte, los dueños de la ex CHIADE pretendían por la Ítalo Argentina de Electricidad la astronómica suma mencionada. Isabel, que tiene limitaciones para la conducción política, pero no es tonta, sospechó que el precio era más que excesivo, y encargó a un hombre recto a carta cabal la realización de un cálculo decente. La elección del tasador oficial recayó en el intachable Juan Pablo Oliver, fallecido hace años.

Oliver hizo su trabajo a conciencia y llegó a la conclusión de que, cualesquiera fueren los parámetros a tomar en cuenta, el precio de la Ítalo no podía ser mayor a 90 millones de dólares y, si se apretaban los torniquetes, el monto podía bajar hasta 40 millones de esa moneda. Una diferencia tan grande entre piso y techo se explica porque, al vender inmuebles o equipos industriales usados, su precio puede variar apreciablemente, según se tome el valor contable o el de mercado. Una máquina comúnmente debe amortizarse desde el punto de vista contable en plazos cortos: 5 ó 10 años. Un inmueble, en cambio, en 20 años. De modo que, en ambos casos, y cumplido dichos plazos de amortización contable, el valor técnico es cero. Pero, obviamente, tanto las máquinas como los inmuebles usados, por antiguos que sean, tienen un valor de reventa en el mercado. De ahí la brecha entre 90 y 40 millones de dólares.

Isabel dispuso ser amplia con la Ítalo y les ofreció comprar esa empresa en 90 millones de dólares. La diferencia entre la pretensión de los dueños privados y el precio ofrecido por el Estado era tan grande como para que más de un empresario avaro apoyara el golpe. El problema se complicaba porque el presidente de la Ítalo, y uno de sus principales accionistas era, ¡Oh casualidad!, el doctor José Alfredo Martínez de Hoz, socio de David Rockefeller en el Chasse Manhattan Bank, y miembro del directorio internacional de ese grupo, como ya hemos dicho.

De modo que, quien ya había sido elegido por los bancos extranjeros (es decir, Rockefeller) como ministro de Economía del futuro gobierno militar (es decir, Martínez de Hoz, socio de Rockefeller), tenía un interés inmenso en que el golpe se produjera y debió ejercer la consabida influencia para ello.

Antes de que el Proceso militar y cívico, de Videla y Martínez de Hoz, cumpliera su primer año de vida, el Estado Argentino compró la Ítalo en 340 millones de dólares…

También por eso nos derrocaron.

Nuestros errores también ayudaron

El hecho de que hayan existido tales reales motivos para el cuartelazo del 24-03-76, no significa que nosotros quedemos exentos de responsabilidad de tan desgraciada situación. Tal como he relatado anteriormente, cometimos errores importantes y no siempre nuestra conducta estuvo a la altura de las circunstancias. Nosotros tuvimos una buena cuota de culpa en esas circunstancias.

Pero que el árbol no nos tape el bosque: los golpistas militares y civiles deseaban y necesitaban dar su manotazo y lo hubieran dado de cualquier forma. Aprovecharon nuestros errores y los magnificaron hasta el infinito, para tener pretextos y dar el golpe. Más aún, en muchos casos, crearon ellos esos pretextos, como en el caso de los 34 diputados nacionales del Grupo de Trabajo, entre cuyos integrantes revistaban al menos tres (sino cuatro o cinco) agentes de los militares infiltrados entre nosotros y que fueron, no por casualidad, los bastoneros de ese grupo desestabilizador, como ya demostré.

Además, si vamos a justificar un golpe militar por aquellos errores nuestros, reales o no (inflación, turbulencias económicas, peleas partidarias, y aún corrupción), ¿qué podríamos decir de los subsiguientes gobiernos “democráticos”?

Sólo el que tiene las manos limpias puede tirar la primera piedra.

Todas estas vicisitudes eran menores… pero todos los medios la hacian “gigantes” con el fin de crear descontentos generales que en definitiva legitimarían el golpe. Lo más alevoso del asunto fue el cheque de la “Cruzada” firmado por Isabel, que inmediatamente fue anulado y la Señora cubrió ese gasto con dinero en su bolsillo. No obstante con esta excusa la mantuvieron 6 años presa. Una cosa de locos… una barbaridad. La cifra se trataba de un vuelto a comparación de las sumas que los políticos roban desde 1983 pero sin hacer lo injusto justo por comparaciones con injustos mayores, el proceder de la Señora de ninguna manera fue ilegal. Fue todo una trampa. Pero a pesar de ese artificio la Señora no cayó en él dado que inmediatamente rompió ese cheque. Por más que en él no haya caído los medios cómplices hicieron lo necesario para golpear contra la autoridad presidencial…

Fuente: http://socialismopatriotico.blogspot.com.ar/2016/03/argentina-de-como-kissinger-y.html

 

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